martes, marzo 28, 2006

Entre refutadores de leyendas, confirmadores de certezas y comunicadores de ambigüedades.

Cuentan que por la avenida de la vida caminaban -de norte a sur-, los conocidos refutadores de leyendas, que tanto preocupan al juglar porteño Alejandro Dolina, y en sentido contrario lo hacían los eternos confirmadores de certezas, alistados siempre en los escaños más recónditos de los gobiernos de turno. Cada grupo partió desde el extremo mismo de la ruta, lo hacían al mismo paso y salieron a la misma hora.
Dicen también que en una avenida trasversal, a mitad de camino, esperaban ansiosos los comunicadores de ambigüedades, con todas las ochavas y edificios aledaños atestados de tribunas, sobre las que hicieron colocar luces para que las imágenes sean más nítidas y tendido cables para sus cámaras de video y antenas parabólicas que enlazarían al mundo las imágenes y sonido de lo que produciría tamaño encuentro.

Los refutadores portaban pancartas rojas, en tanto que las de los confirmadores estaban pintadas de azul; “por las dudas” y para que no haya confusiones, los comunicadores tenían todos colocados sus chalecos de tela verde. Esa confluencia de colores facilitaba la policromía necesaria para que las trasmisiones televisivas sean perfectas.

Los refutadores caminaban por la misma calzada, impidiendo el paso de los vehículos haciendo extensiva su protesta a los congéneres que no tenían ni idea de lo que estaba pasando; los confirmadores decidieron -en cambio-, marchar por las veredas para que al gobierno de turno no le quede resabio alguno que les permita acusación en su contra. A todo esto los comunicadores de ambigüedades ya tenían en ambas columnas enviados especiales que iban monitoreando el estado de ánimo de los participantes en los dos bandos y se hablaban con “handys” para salir al aire en todo momento y cuando los directores de piso en sus canales y emisoras centrales así lo pedían.

Los refutadores aseguraban que su actitud al asumir los cortes de ruta era producto de la misma violencia que venía del gobierno al no ocuparse de sus necesidades primarias y no devolverles con obras lo que ellos habían anticipado en impuestos. Por su parte Los confirmadores de certezas, apoyaban al gobierno de turno en la decisión de denunciarlos y propender a su castigo porque, aseguraban, que los primeros debían cumplir la ley y el gobierno siempre está para defender la ley. Por eso los violentos eran los refutadores,

Ya las caravanas se acercaban a la encrucijada de las calles y los comunicadores comenzaron a emitir sus videos, avisándoles a la población qué estaba ocurriendo. Algunos mostraban las imágenes de norte a sur, otros de sur a norte, entonces la gente -que desde sus hogares hacia “zapping” y tomaba ambas imágenes-, iba cayendo en una progresiva confusión.
Llegó un momento en que el líder de los refutadores apareció abrazado al de los confirmadores en señal de pleno acuerdo, sin embargo bastó para que un confirmador infiltrado entre los refutadores lanzara una pedrada contra una vidriera para que se generalizara la gresca y el aluvión de acusaciones confundiera más al espectador, ya que los comunicadores ponían la cámara más tiempo en uno u otro lado según la cantidad de canje obtenido en compensación por ellos y por cada uno de los operadores de cada bando.
Finalmente, y ya pasada altas horas de la noche, cuando la población había partido a descansar, se supo que en una solapada operación de prensa alguno de los comunicadores incitaron a una reunión secreta entre refutadores y confirmadores, en donde acordaron calmar las expectativas hasta otra fecha que se considere interesante para despertar el morbo y la irracionalidad de la ciudadanía bienintencionada; dándole margen al gobierno, que defendía a los confirmadores, a tomarse un resuello y a los lideres de los refutadores a juntar más evidencias y voluntades para que , como decía un ya fallecido pero nunca olvidado comunicador social: “noticia igual negociación política”, tenga hoy más que nunca plena vigencia y su recuerdo permanezca imborrable para todos los que entendieron su mensaje.

miércoles, febrero 22, 2006

Así se sintió el Pueblo de La Costa


Tal como surgió espontánemaente de la fotografía, se sintió la gente, los vecinos y habitantes del Partido de la Costa.Como si le estuvieran introduciendo el anular en su futuro.

Los políticos que manejan los destinos comunales del Partido de La Costa, otra vez de manera insensible y cubiertos de una meliflua capa de soberbia -por el deleite que produce el inmenso poder del que están disfrutando-, creen a ultranza que son los dueños de la verdad.
En ese camino, tal como depredadores profesionales, talan esperanzas, lealtades y libertades por aquella simplista razón de que es así porque lo decidió subancada que ha sido elegida por el pueblo. Y en haras de esa democracia ficta, toman sin evaluar consecuencias, del bolsillo del contribuyente.
Son, descendientes del Partido Justicialista, ahora dicen llamarse Frente para la Victoria, y como miembros de esta época post-neoliberal que dicen pretender a las fuentes pero utilizan como base al neolberalismo como impulso motor de sus andanzas, no escuchan .como decía el general Perón-, que cuando el pueblo se queja y no se lo escucha, se sentirá el tronar del escarmiento. Sobre todo, porque según dicen los militantes: "Un peronista jamás vota contra el pueblo"...

lunes, febrero 20, 2006

jueves, febrero 02, 2006

Acerca de algunas respuestas

¿Llegó el post-neoliberalismo?

Una respuesta del Concejal (FpV) Cr, Germán Unales, motiva el análisis en esta nota. Cuando los procedimientos de los hombres quieren sustentar decisiones a partir de tecnicismos, pueden quedar desplazados los valores de las cuestiones sociales.

Un ejemplo de silogismo es el siguiente: todas las virtudes son dignas de elogio; la generosidad es una virtud, luego la generosidad es digna de elogio. Son varias las reglas que rigen las inferencias del silogismo correcto; si se viola se comete una falacia formal.
Las falacias informales no son en la práctica errores en la estructura formal de un argumento. Con todo, se basan o bien en un fallo evidente que resulta relevante en la conclusión o bien en alguna ambigüedad lingüística. Entre las falacias informales cabe mencionar las que defienden la validez de una conclusión apelando a la fuerza, a la piedad, a la autoridad o a las creencias populares. Inquirir por lo que se pregunta o asumir en las premisas lo que ha de ser demostrado es también una de las falacias informales que deben destacarse. Las falacias de ambigüedad incluyen conclusiones erróneas basadas en un uso equívoco del lenguaje.
Plantear la “Ley del rendimiento decreciente” para avalar la actitud de apoyar los Decretos 324 y 325 en el Honorable Concejo Deliberante del Partido de La Costa, si no es una falacia, entonces puede caberle la figura del “despropósito”.
No se discute en la presente ni la calidad moral ni la capacidad intelectual del Contador Germán Unales quien apeló -para justificar el voto afirmativo de la reconversión y el despido de personal del Concejo Deliberante-, a la ley de rendimientos decrecientes, desarrollada durante el siglo XIX, y que se aplica al mundo físico de la producción.
En la actualidad, existe desarrollados por Fiona Czerniawska (directora gerente de Arke Ideas Consulting), y Gavin Potter (socio de la consultora Pricewaterhouse Coopers), el concepto de rendimientos crecientes para explicar cómo y por qué un negocio virtual es capaz de superar en desempeño a un negocio físico convencional bajo tres reglas primordiales que son: Elevados costos de instalación, Efectos de red y Retención de clientes.
Tampoco cuadra en la ocasión, desarrollar este tema, pero sí dejar sentados algunos conceptos: Primero que la realidad de las necesidades del Concejo Deliberante de La Costa, marca que parece una falacia pretender explicarlo bajo esos argumentos que describió Unales.
En segundo lugar: siempre hay una Ley superadora –que en este caso Unales pareció ignorar-, pero es necesario que se la aplique en el ámbito correspondiente y en el momento oportuno.
Finalmente, parece poco ajustado a la tradición Justicialista, ni siquiera apegada a los más terribles designios del insensible neo-liberalismo menemista, que se le explique a Susana Caubet cómo atender a la persona que tiene a su cargo, a Héctor Cacciabue como sostener a su familia y a Juan Carlos Castagno como paliar el costo de sus medicamentos, sin un trabajo estable que se habían ganado con un esfuerzo de más de quince años, en algunos casos más, de entrega al servicio municipal, con el argumento de que apliquen en sus hogares la Ley de rendimiento decreciente

lunes, enero 30, 2006

NO LE DAN LUGAR A ILLIA EN LA COSTANERA DE SANTA TERESITA

Se conoció el veto a la Ordenanza 2903/05, que aprobara el Concejo Deliberante para que la Costanera de Santa Teresita -desde calle 27 hasta la 50-, lleve en nombre de Dr. Arturo Humberto Illia. Es la tercera vez que ocurre. Discutible argumentación para negarla.

La figura de uno de los Presidentes Argentinos que la historia contemporánea reconoce como uno de los ejemplos más claros de civismo y entrega patriótica, parece necesitar de otros aditamentos para las autoridades del Partido de La Costa.

El pasado 18 de enero se cumplieron 23 años del fallecimiento de este hombre probo y -casi como una burla póstuma-, el día 13 se firma el Decreto 49/06 del Departamento Ejecutivo Municipal, negando la posibilidad que, de manera democrática y consensuada por el Poder Legislativo local, la Costanera de Santa Teresita lleve el insigne nombre.

Aseguran los considerandos de la medida que “habiendo tomado vista de las actuaciones, este Departamento Ejecutivo puede apreciar un listado donde se encuentran insertas firmas de personas de todas las localidades del Partido de La Costa con intención de solicitar la imposición del nombre Dr. Arturo Illia a la citada arteria…” Más adelante indica: “cabe señalar que no existe constancia en las presentes actuaciones, de la opinión y/o consenso de las instituciones de la referida localidad,...que bregan por el bien común de todos los habitantes, desde cada misión que les toca cumplir”… “Que asimismo se debe tener en cuenta que la Avenida Costanera, es el portal a la localidad y el acceso al atractivo turístico más importante que tenemos y por ello se debe analizar con mayor detenimiento y de manera consensuada con los habitantes e instituciones representativas…”

Esta es la tercera vez en dos años que el Ejecutivo veta esta posibilidad, sin embargo lo que parece molestar a la ciudadanía santateresitense, no es el mero hecho de no definir la situación, sino la suma de burdas excusas para evitarlo.

En primer lugar, consta en las actuaciones que entre la cantidad de firmas que ocupa el petitorio, se encuentran las de muchas personas que integran esas instituciones de las que el Ejecutivo dice no contar con el aval para aprobar.En segundo lugar, nada tiene que ver al efecto que la calle a bautizar sea la Costanera y si de convalidar el argumento oficial se trata: ¿Qué otra mejor imagen que la de un ciudadano probo -como la del Ex Presidente Arturo Illia -, para que “el acceso más importante” lo porte como muestra de reconocimiento al ejemplo de valores, tan poco promulgados en estos tiempos de sinrazón que se viven.

Finalmente, ¿de qué consenso se habla?, si quienes aprobaron la ordenanza son los 14 concejales, entre los que se encuentran los siete elegidos el 23 de octubre de 2005, votados por la mayoría absoluta que apoyó la gestión del actual intendente municipal.¿Qué contrasentido es este, que el mismo funcionario que recibió el aval de su ciudadanía, hoy la niega poniendo en duda la actitud de sus propios representantes?

viernes, enero 20, 2006

Aguafuertes Costeras


La necesidad tiene cara de hereje
(o cómo hacer un viaje relámpago a Buenos Aires en temporada y no morir en el intento)

Las situaciones en la vida suelen presentarse de manera inoportuna. El habitante costero, en estas épocas está abocado a su trabajo de temporada alta y hacerse un viaje relámpago a Buenos Aires suele tener sus inconvenientes.
En principio conseguir un boleto en cualquier empresa de transportes de pasajeros, es toda una odisea. Sin embargo (y ésta sí es una ventaja del lugareño), siempre hay algún amigo en las ventanillas que remueve cielo y tierra para lograrlo. Eso sí, no le pida a su benefactor que, además, el asiento venga con azafata y servicio de a bordo. Por lo general, en estos casos, la suerte está echada: el último de los lugares, junto al baño y/o a la cafetera.
Obviamente, en horario casi a contramano del que usted elegiría en condiciones normales y –con suerte-, la vuelta es una ruleta a favor.
Además, cuando ocurren estas necesidades de último momento, siempre la taba cae del lado que usted ya sabe (“culo”).Entonces la aventura es mayor a la del pobre Ulises: en el pasaje hay gran cantidad de familias con sus niños, que siempre son una bendición, pero que ahora transforman las cinco larguísimas horas que dura el viaje en una continua sucesión de incordios y -cuando uno baja-, piensa que el peor de sus enemigos la diseñó para molestarlo de una manera diferente.
Y no hay animosidad contra ellos, pero es que algunos por pequeños y otros por inquietos, hacen de la noche un concierto de llantos y propician un escenario de movimientos más acorde con la puesta en escena de un sainete de Vaccareza que un viaje en ómnibus.
Ni hablar de la cercanía del sanitario: Es llamativo cómo transitan las personas, ¡qué llamador de movimientos resulta ser!, sumados a que indefectiblemente cada pasajero a punto de entrar en él, con el vaivén que produce la marcha, se aferra de tu asiento, se te sienta encima o bien desparrama algún bolso mal ubicado en la gaveta superior, cayendo sobre la propia humanidad todo el contenido de alguno mal cerrado.
Además, a la media hora de haber entrado en la ruta, una suma de fétidos olores comienzan a circular por el ambiente, activando la instintiva actitud de girar la cabeza hacia el lado de la ventanilla para evitarlos y es aquí donde la contingencia se agrava: existe –casi con una certeza del 100%-, un compañero de asiento, obviamente desconocido, al que le importa un bledo si se parte el mundo. El hombre (o mujer) ronca desparramado en el asiento cual si fuera una cama King Size y con un aliento a foca recién alimentada que obliga a dirigir las fosas nasales hacia arriba para no percibir los aromas de un lado ni del otro, logrando de esta manera que -al bajar- ni todo un equipo de kinesiólogos le restauren las articulaciones. No haré referencia en la ocasión, a la posibilidad que algún niño se “desgracie” o que algún grande haya ingerido una comida de esas que producen marcadas flatulencias…
Podrá entender, estimado lector, que lo que en tiempos normales viajar a Buenos Aires es apenas un trámite, se traduce en estas condiciones en una tortura.
Queda también por describir, los peligros que implica la acción del adicto al degradante jugo y/o café que ponen las empresas de transporte en esas cafeteras colectivas. El jugo parece ácido muriático y el café una pócima mágica de la “bruja cachavacha”, con el debido perdón a las hechiceras por esta comparación. Pero aun así, el incondicional bebedor de esos fluidos se hace presente. No bien sube –y antes de arrancar el vehículo-, se acerca a servirse un vaso, para hacer lo propio en un instante alcanzándole otro similar a su pareja o niños. Mas una vez en camino, vuelve y vuelve y vuelve hasta que vacía el recipiente. En el ínterin, el hombre, hace peligrar la integridad de sus congéneres ya que, más de una vez, derrama el contenido de los vasitos sobre las cabelleras de los que permanecen en sus asientos, mancha alguna ropa o simplemente: ¡NO TE DEJA DORMIR!
Estimado coterráneo costero, tras que venimos luchando con inviernos magros, con veranos que no terminan de acomodarse, con funcionarios que se la llevaron y con los que están y no hacen. Con promesas que no se cumplen y con la que sí se cumplen siempre nos llegan tarde, deberíamos luchar por conseguir un seguro solidario, que nos proteja de estas vicisitudes. Total soñar no cuesta nada, eso sí ni lo intente en un viaje relámpago a Buenos Aires, en temporada.

Bloquelito

viernes, agosto 26, 2005

En el Ojo de la Tormenta

Desgranando los designios naturales
Otro día gris luego de tantos en el año. La lluvia era un presagio de más humedad y huesos doloridos. Las calles de Las Toninas exudaban un hedor común de los tiempos de inviernos lluviosos: esa rara mezcla de vapor húmedo conjugado con la bruma marina que torna pegajoso el andar y se vuelve como un presagio de mala muerte para los hipertensos.

El viento del sudeste había comenzado a molestar sobremanera desde dos días antes. Es agosto, fines de agosto. Esto es que para el común de los lugareños La Tormenta de Santa Rosa está al acecho y por más que desde el cielo Enrique Larreta -que la noveló-, o el mismísimo Clemente X -que la canonizó-, negociaran con el Altísimo una tregua, ésta será imposible.
También es cierto que este año no se dará aquello de “julio los prepara y agosto se los lleva” porque se anticipó julio –que aportó mucho frío además de lluvias- y los velatorios costeros tuvieron más público en el séptimo mes del año, como si los muy ladinos estuvieran jugando a suerte y verdad quién es más asesino de los dos. Por cierto que –en este año 2005-, desfilaron por allí muchos buenos amigos y nobles vecinos y de nada valió el “payé” del 1 de agosto –caña con ruda-, de la comunidad paraguaya para evitarlo.

El día 23 amaneció lloviendo, de manera intensa. Viento del sudeste, tormenta como la peste, repitió una anciana mientras compraba pan y velas “porsia caso” en el autoservicio “El loco y la flaca” de calle 7 esquina 30. Cuando pronunció la gastada muletilla, Mara –un ovejero alemán- de mal carácter que oficia de patovica a los pies de la dueña bajo la caja, gruñó de manera diferente a lo acostumbrado.
La distribuidora, a las 9:30 hs, aun no había dejado los diarios en la Estación de Servicio de Don Postigo en el playón de la 7 en ochava con la 30 y -en ese momento-, el agua ya caía a baldazos: “Parece que se durmieron aprovechando la volada”, afirmó el dueño desde el fondo del salón, asomando su inmenso cuerpo tras el escritorio y corroborando con una mirada entre pícara y ácida, que sus ojos verdes terminaban de connotar.
La Doctora Barengols, sin embargo no estuvo tan ocupada como es costumbre en la Unidad Sanitaria; la provisión de agua al Jardín de Infantes ese día no se hizo porque la bomba que lleva el líquido potable desde el camión hasta la cisterna se había quemado el jueves pasado. Sin embargo, luego se supo que don Manuel Socolobsky (Presidente de la Cooperativa que brinda el servicio) se peleó con el Intendente porque no le bajan los pagos y los alumnos quedaron sedientos.
Sobre el medio día, algún tenue comunicado emitido por algunos canales capitalinos dio cuenta de un alerta meteorológico, pero nada más. Ningún otro de los prestadores eléctricos costeros, insinuó que habría problemas con el suministro eléctrico. De todas formas eso se descontaba pues la venta de cerillos con pabilos de distinto largo se incrementó en los negocios de la zona.
Alrededor de las 16:30 hs el viento comenzó a mostrar que era algo más que eso, para terminar siendo un tornado de gravísima intensidad sobre el final de la jornada y la madrugada siguiente. En ese momento Marcelo Socolobsky –Delegado Municipal de Las Toninas- y Abel Rodríguez como Director de Obras Públicas, pero por sobre todo como vecino de la localidad, estaban verificando la evolución del meteoro en la rotonda ubicada en calle 26 y Ruta Interbalnearia, cuando sintieron la muerte muy cerca.
Parados sobre el lado Sur de la banquina, percibieron de pronto que un viento sobredimensionado en su silbido y tal como si presenciaran la apertura del odre con que Eolo obsequió a Odiseo, pareció por instantes que todos los vientos los envolvían al mismo tiempo. Sintieron un crujido fuerte y de pronto vieron como volaba hacia ellos el techo de chapas con que semanas atrás habían cubierto al Santo Patrono San Cayetano, apostado en medio de la plaza, como homenaje a su aniversario.
Marcelo le rezó al beato en un acto instintivo, ya que su origen es judío y Abel cerró los ojos y contuvo la respiración. Sin embargo, ni la furtiva religiosidad de uno, ni la impensada practicidad del otro hubo de necesitarse pues, el mismo Eolo pareció encargarse, girándola subrepticiamente hacia otro sector. Segundos después, la estatua del Santo estalló en mil pedazos al caerse de su pedestal. Al día siguiente sus restos hacían pensar que lo atacó una banda de Skinheads fuera de control.

Una hora más tarde comenzó a entenderse que esto era grave. Cuando las alcantarillas no daban abasto, los árboles comenzaron a caerse y los carteles a volarse. El fluido eléctrico fue y volvió en dos ocasiones hasta que desapareció por completo. Ricardo Giménez dueño de FM. De La Costa en Santa Teresita, junto a la periodista Susy Barracosa que estaba al aire, maldijeron en mil idiomas –dejando de lado su tradicional buen humor y cortesía-, pues pensaban que tenían los equipos de la radio quemados, ya que nadie les avisó del corte como para prevenirse.
En San Bernardo, a la misma hora, una chasquido de cables un extraño temblor y un chisporroteo fugaz advirtió a Claudia, Evangelina y Norma que estaban en la redacción del Diario Opinión de La Costa, preparando la edición del día. Norma tomó a su nieto en brazos y en un acto intuitivo de madre y abuela, lo abrazó esperando lo peor. Sin embargo un fuerte tronar y un golpe seco las paralizó hasta que entendieron que el gigantesco pino de la calle Strobel, había caído sobre una de las viviendas vecinas. Inmediatamente pudieron cotejar que el viejo chalet de mitad de cuadra, sufrió fuertes daños pero sus ocupantes salieron indemnes.
Más tarde, mientras Claudia salía de una de las habitaciones que la redacción tiene, con una ventana tipo claraboya al exterior, recibió el impacto de un vidrio que estalló cayendo sobre su espalda, más allá del susto no tuvo efectos sobre su físico, aunque sus temblores duraron varias horas.
Por la noche una noticia casi termina con Mariano Bobryk, el dueño del diario. A punto estaba de comerse una milanesa, enojado porque no le pudieron conseguir el jamón crudo que deseaba pues, a falta de luz, mal podían en el almacén complacer su pedido. Sonó el timbre y un colaborador directo, empapado hasta los tuétanos, le espeta a boca de jarro otra mala: El tornado había volteado la antena de la FM 104.7 que es parte del multimedia que dirige.
En tanto en Mar de Ajó, el Club Social era receptor de los más de un centenar de evacuados provenientes de Villa Clelia, en la zona Sur; la Unidad Sanitaria de Las Toninas recibía unas pocas familias de la zona centro y Bomberos Voluntarios de San Clemente –sin medios ni financiación-, mostraron su vocación de servicio corriendo y asistiendo toda la noche a quienes lo necesitaran. Curiosamente, la aristocrática Asociación de Fomento de San Bernardo, permaneció cerrada, muda, e indolente, a pesar que muchos de los necesitados se encontraban a pocas cuadras en los barrios periféricos detrás de la calle Madariaga y hacia la ruta, quienes tuvieron que migrar más lejos, donde almas más cálidas contuvieron su dolor por el susto y la desazón de perder sus pertenencias.
La noche cayó inexorable. Los sin techo ya estaban alojados, otros muchos rezaban acompañados por un tétrico “piano de tejas”, ejecutado por el mismo viento que las levantaba y bajaba, produciendo un temido insomnio en los moradores que lo sufrían. El cronista padeció también la falta de luz, la imposibilidad de utilizar los medios de comunicación –no había obviamente, ni computadora ni televisión, pero tampoco funcionaban los celulares-, aunque el teléfono fijo por extraña casualidad quedó vivo. Ante tan pocas opciones, con las calles inundadas, se entregó a Somnus cual discípulo de Morfeo y recién despertó alrededor de las 7 de la mañana siguiente. La cónyuge, por su parte, blasfemaba sobre la pasividad del escriba mientras intentaba leer un libro a la luz del candil, lo que no logró a causa de los nervios y el sonido del viento, la caída de ramas y las tejas del techo que no cesaban en el vecindario y que casi agujerea el capot del viejo Fiat 128 Familiar estacionado junto a la ventana.

Llegó la mañana, y la desolación era total. El frente marítimo de Las Toninas, eterno receptor y perjudicado de los embates de la naturaleza, era un canto a la inutilidad humana. Los médanos parecían cortados a sable por una fuerza sobrehumana. La calle costanera entre la calle 4 y la 12 (recuérdese que en la localidad las arterias están numeradas de dos en dos), casi está desaparecida, llegando a dejar al borde de un precipicio a las famosas “Pagodas”, cuyas históricas construcciones hacen uno de los lugares más bonitos de Toninas, pero por extraño contrasentido el más desprotegido y olvidado.

Los vientos siguieron hasta el medio día, pero los árboles estaban esparcidos y arrancados de cuajo por doquier. La puerta del Palacio Municipal en Mar del Tuyú quedó intransitable con ramas, arena y troncos que la cubrían. También las calles céntricas de Santa Teresita y los alrededores así como las arterias de entrada a cada uno de las localidades, el espejo de agua era inmenso, dando la sensación de un solo lago recién creado, con oleaje generado y acunado por el viento que no cesó hasta pasado el medio día del jueves 24.

La electricidad permanecía en falta y nadie intuía quizá cuando retornaría a los hogares. La carencia de agua comenzó a ser preocupante y el trabajo de los auxiliares y vecinos solidarios se hizo a destajo. Voces roncas, ojos desorbitados y enrojecidos. Bolsas de alimentos, frazadas y colchones esparcidos en lugares no habituales, confirma el Estado de Emergencia Municipal que el Intendente proclamó y Prensa tuvo que distribuir escrito sobre papel oficio con una vieja Olivetti Lexikon’80, a la que debieron de apelar para informar a la población a través de los medios, sorteando lo inoperante que se tornó la cybernética del siglo XXI.
Finalmente, recién el jueves por la noche casi todo volvió normalizarse, aunque quedaban todavía muchos hogares sin luz y obviamente el tiempo que necesitarán los afectados por volver a sus casas y reconstruirla.
Esta secuencia de la naturaleza, que se reitera y parece no atendida por la respuesta humana, permite reflexionar junto a Leonardo Da Vinci cuando afirma en sus Cuadernos de Notas (M.E. Editores, S.L. , Madrid, España, 1995), que “La sabiduría es la hija dilecta de la experiencia. La experiencia, intérprete entre la naturaleza y la especia humana; nos enseña que lo que esta naturaleza lleva a cabo entre los mortales formada por la necesidad no puede operar de otras forma más que en la medida que la razón, que es su dirección, le manda”.
Cabe ahora la nueva oportunidad de utilizar la razón para compartir e interpretar los hechos que acucian al Partido de La Costa, quien necesariamente tiene ligado su destino, a los designios naturales.